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RICARDO MOJARDÍN

1956 Boal, Asturias (España)

 

 

 

 

 

 

 

DATOS BIOGRÁFICOS


1956
Nace el 25 de Octubre en el Rebollal, Boal (Asturias).


1958/89 Residencia en Avilés.


1985/88 Estancias temporales en Calaceite (Teruel), Milán y Madrid.


Taller de Arte Actual con José Guerrero. Círculo de Bella Artes, Madrid (1984).


Desde 1978 Viajes por Europa. Estudios de Grabado en Oviedo (Escuela de Arte),


Madrid, Calella (Barcelona) y Venecia.


Desde 1987 Profesor de Grabado en la Escuela de Arte de Oviedo.


Desde 1990 Residencia en Loriana, Oviedo.


1990 Imparte el curso de “Grabado en Relieve” de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias.


Imparte el curso de “Libros de Artista”, en la Universidad Popular de Gijón.


2000 Imparte el curso "Técnicas Aditivas de Grabado" en la Estampería Quiteña. Quito, (Ecuador).

 

 

Texto de Jaime Luis Martín

Extraido del catálogo “Occidente Próximo” (Cajastur, Oviedo 2001)

 


El problema de Ricardo Mojardín es su inteligencia, excesiva para una sociedad que observa con desconfianza todo cuanto supere el listón de la normalidad. De ahí esa mirada sobre su obra que, en muchas ocasiones, se queda en alabar la ocurrencia cuando nos encontramos ante uno de las reflexiones más rigurosas y profundas sobre el arte, su sociología y las relaciones entre el creador y su obra.

Si en sus inicios el signo, en su contenido más elemental, y la expresión entraban sus preocupaciones pictóricas pronto derivó hacia planteamientos conceptuales dentro de un orden poético, cuidando la factura de cada una de las propuestas. En parte el secreto de su cercanía al espectador, su aceptación inmediata, es resultado de este cuidado trabajo. Pero este acierto en el manejo de los recursos propicia la creación de penumbras que ocultan la metáfora compleja e intensa que recorre sus imágenes. La facilidad de la lectura encubre el contenido y bajo la apariencia de sencillez se produce una sacudida, ajena a sensaciones, en cuyo fondo se rastrea el sentido de¡ arte, el ejercicio de pintar definido más en términos de conocimiento que de oficio. El relato no se construye con rigores filosóficos sino con sutil ironía. En los últimos años esa actitud desenfadada le ha llevado a introducir su propia silueta, un continuo autorretrato a contraluz que le convierte en actor, protagonista de una estética que reivindica el riesgo como modo de producción.

El espíritu burlón de Marcel Duchamp recorre la obra de Ricardo Mojardín impregnándola de una cierta irreverencia y cuestionando el arte y la creación como fenómenos que exigen una continua desmitificación. Esa actitud creadora obliga a una continúa revisión, pero lejos de cualquier soporífero y oscuro empeño definitorio, el artista dialoga con la historia y, de forma obsesiva, muestra la grandeza de una tradición, implicándose en las diferentes imágenes legadas mediante la introducción de su silueta en los espacios pictóricos de los grandes maestros. En otros momentos sus relatos se inclinan hacia una particular y obsesiva reflexión que, ajena a presupuestos teóricos, muestra sus más íntimas motivaciones plásticas. Su elaborado lenguaje es fruto de los innumerables recursos técnicos que maneja el artista siempre atento a fomentar un debate estético, nunca ingenuo, capaz de sorprender la mirada.

Siempre lúcido, atento a cualquier expresión, su pintura es un empeño de pervivencia, pero consciente de su extrañeza, remeda su apartamiento con una fina ironía no exenta de exquisitez en los modos de representación. Este refinamiento confiere a su obra un dandismo cuya máxima lo acerca al paseante, a ese sabio viajero que va en busca de preguntas sin preocuparse en exceso de las respuestas.